La profesionalización del líder

La profesionalización del líder

El ejercicio del liderazgo es uno de los campos del management que en los últimos años está recibiendo una mayor atención. Eminencias como R. Boyatzis o D. Goleman junto a un nutrido grupo de estudiosos, continuamente elaboran informes, artículos y publicaciones sobre el tema.

Pero ¿A qué obedece tanto interés? La razón es sencilla: el cambio y la incertidumbre se sucede continuamente y parece que se ha instaurado en nuestras vidas. Ésta situación ha provocado que, tanto organizaciones como las personas que la integran, se vean obligadas a enfrentar una adaptación continuada en sus estilos de gestión. Consideremos que dado que son las personas las que logran los resultados de las empresas, la tarea de dedicar tiempo al estudio del fenómeno de la dirección es de suma importancia. Si plantearse qué hacer para inspirar a las personas a dar lo mejor de sí ya es un reto de calado, articular todo un sistema para poner en marcha acciones que lo permitan y lo fomenten lo es aún más.

Empecemos por el principio. La revisión de diferentes definiciones del concepto de liderazgo nos llevaría a destacar varios elementos que consideramos claves. En primer lugar, hay que tener presente que quien ejerce el liderazgo, lo hace siempre dentro de un conjunto de personas a las que desea influir en su desempeño. Y puede hacerlo porque es la misma organización quien le ha otorgado la facultad (poder) para hacerlo. No obstante, de su capacidad para transformar ese poder en influencia se derivarán unos resultados u otros. Por eso su conducta es un referente para el resto. Es decir, hay que considerar cómo perciben el ejercicio del rol de líder que hace el “jefe”, pues hay clave que es fundamental: la aceptación de la influencia es voluntaria.

Otro aspecto a considerar tiene que ver con las características personales. Tanto las del sujeto que ostenta el rol de líder como la los sujetos que reciben el liderazgo. Cualidades como la comunicación, toma de decisiones, planificación o relaciones interpersonales, se hacen necesarias e imprescindibles y su importancia se deriva de la propia posición de dominancia del líder dentro del grupo. Pero no solo son estas importantes, también las personas que integran el grupo cuentan con características personales que se tornan necesitarias considerar.

Un tercer aspecto más a tener presente tiene que ver con el contexto, pues la situación donde se ejerce el liderazgo siempre conlleva unas condiciones específicas que se deben tener presentes.

En conclusión podríamos decir que cada vez que se produzca una variación en cualquiera de los elementos comentados puede ser que se requiera un cambio en el ejercicio del liderazgo.

Parece evidente que ante los momentos de cambio e incertidumbre que son ya una constante en nuestra realidad, podemos decir sin temor a equivocarnos que no existe un modelo universal de liderazgo que sea aplicable a todas las situaciones y en todos los tiempos y contextos. Dependiendo de la situación, del contexto donde se va a producir el liderazgo, de cómo son las personas que conforman el equipo que hay que liderar y de las características del propio líder, unos estilos pueden parecer más efectivos que otros.

Afortunadamente hemos llegado a la profesionalización del líder, una realidad necesaria para incrementar el valor de nuestras organizaciones.

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