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El compromiso como premisa de la productividad

Empecemos por las buenas noticias. El paro registrado ha bajado de los cuatro millones por primera vez desde el año 2010. Según datos del Ministerio de Empleo ya somos más de 17 millones y medio el número de cotizantes a la Seguridad Social. Sin duda una buena noticia. Ahora bien, somos muchas las personas a las que nos preocupan aspectos como… ¿de cuántas horas son las jornadas de trabajo? (frecuentemente larguísimas aunque los contratos a veces reflejen algo diferente), ¿qué pasa con los salarios? (porque sin duda parece que se ha producido un ajuste en ellos), ¿con cuántas ganas afrontan el trabajo? (porque de ello, en parte, dependen los resultados).

Quizás, en nuestras empresas, necesitamos crear espacios para la reflexión cuando en el GTCI (Índice de Competitividad por el Talento Global elaborado por Adecco) ocupamos el puesto 36, a la cola de Europa y cinco puntos por debajo de la media global.

Es una paradoja que me resulta curiosa, por un lado aumenta el número de personas empleadas pero por otro disminuye nuestra productividad. Crecer, crecer de verdad, requiere de proyectos innovadores de calidad, y eso, entre otras cosas, exige trabajadores de nivel y personas comprometidas.

Pero las conclusiones del informe nos revelan cómo seguimos flojos en las destrezas laborales-profesionales, una situación que nos avisa sobre la obligada necesidad de realizar mayores esfuerzos de inversión en el desarrollo profesional de nuestros equipos de colaboradores. También es para reflexionar qué apoyo estamos brindando a la innovación, un punto clave en el que también necesitamos urgente inversión si queremos salir de donde estamos y acceder a niveles superiores.

Es cierto, todo esto influye en los resultados, pero también lo hace sobre la satisfacción y el compromiso de las personas y equipos que componen nuestras empresas. Y lo hace de manera determinante, sobre todo porque en realidad son ellas, las personas, las que logran los resultados. Pues bien, curiosamente los estudios apuntan a que hoy son menos de la mitad de las personas de una plantilla las que están “tirando del carro de la empresa”. ¿Sorprendente verdad? Es más, la persona que no se encuentra satisfecha disminuye su productividad hasta situarla en torno al 70%, mientras que por el contrario, cuando se encuentra comprometida, su nivel de rendimiento puede situarse sobre el 150%.

 

Frente a todo esto no podemos estar impasibles. Algo debemos hacer. Se ocurren varias cosas. Sin duda, una de ellas, apostar por invertir en el desarrollo de nuestros colaboradores, pero claro, sabiendo antes qué es lo que aporta cada quién. Es decir, obteniendo información clave sobre quién está dispuesto a ayudar, a acometer esfuerzos adicionales demostrando iniciativa y afán de superación, o quién recomienda nuestra empresa puertas afuera, o quién es consumidor asiduo de nuestros productos o servicios. Una valoración, en definitiva, sobre el grado de compromiso de la plantilla y su distribución que nos ayude a tomar buenas decisiones. También, se me ocurre poner en marcha acciones que favorezcan la transparencia sobre la gestión, acciones que aporten mayor accesibilidad, mayor comprensión, acciones que beneficien la participación, y unirlas a beneficios personales y sociales obvios, porque sabemos que son básicos para el aporte a la innovación.

Hacerlo es un gran reto. Déjanos ayudarte a medir y a crear acciones de valor.

 

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